El título de este blog es Docente y madre, porque me gustaría hablar de estas dos facetas de mi vida, las dos importantes a distinto nivel, pero sin descartar ninguna.
Pero creo que me he quedado algo corta al diseñar el nombre, porque además de docente y madre, soy hija.
Este papel secundario que me otorgaron hace 45 años, a veces me hace sentir tantas cosas que deseo salir de mi piel y convertirme en una nube que se aleja con el viento de la tormenta.
Pero no puede ser así, y tengo que aguantar el chaparrón como lo hace el pequeño árbol recién plantado en el jardín de la vida.
Cada vez que veo a mi madre perdida en su mundo, mi corazón se hace tan pequeño que parece que no lo encuentro, se ahoga en un mar de sensaciones contradictorias de felicidad y abandono. Ella no lo sabe, pero no me pude despedir como es debido, y eso ahoga mi sensatez. Me hubiera gustado decirle que aunque en muchas ocasiones no estaba de acuerdo con lo que pensaba, ha sido un buen referente en mi vida, que me ha dado fortaleza para seguir adelante, sobre todo ahora que yo me enfrento dia a dia al papel de ser madre.
Tengo que decir que ahora es más amable, más cariñosa y también cabe decir que más tolerante con su entorno, cosas que antes no era, pero aun así, echo de menos a la madre que no entendía mis ganas de seguir adelante con mi adopción, y a la que seguía sin entender mi segunda adopción. Echo de menos que me ayude en mis pequeñas tareas en casa, echo de menos que hable con mi hija sobre sus juegos de niña, echo de menos que su beso de despedida sea consciente....
Pero en la vida hay situaciones que tan solo podemos ver pasar, que solo podemos contemplar con la mejor de nuestras sonrisas, que sólo podemos añadir un Me gusta aunque deseariamos que fuera de otro modo, que sólo podemos esperar que el próximo día que me abra la puerta todavía siga sabiendo quién soy.
Porque el día en el que no me reconozca, mi corazón dejará de latir durante unos segundos, y volverá pero incompleto, porque se habrá ido con su conciencia..
Pero creo que me he quedado algo corta al diseñar el nombre, porque además de docente y madre, soy hija.
Este papel secundario que me otorgaron hace 45 años, a veces me hace sentir tantas cosas que deseo salir de mi piel y convertirme en una nube que se aleja con el viento de la tormenta.
Pero no puede ser así, y tengo que aguantar el chaparrón como lo hace el pequeño árbol recién plantado en el jardín de la vida.
Cada vez que veo a mi madre perdida en su mundo, mi corazón se hace tan pequeño que parece que no lo encuentro, se ahoga en un mar de sensaciones contradictorias de felicidad y abandono. Ella no lo sabe, pero no me pude despedir como es debido, y eso ahoga mi sensatez. Me hubiera gustado decirle que aunque en muchas ocasiones no estaba de acuerdo con lo que pensaba, ha sido un buen referente en mi vida, que me ha dado fortaleza para seguir adelante, sobre todo ahora que yo me enfrento dia a dia al papel de ser madre.
Tengo que decir que ahora es más amable, más cariñosa y también cabe decir que más tolerante con su entorno, cosas que antes no era, pero aun así, echo de menos a la madre que no entendía mis ganas de seguir adelante con mi adopción, y a la que seguía sin entender mi segunda adopción. Echo de menos que me ayude en mis pequeñas tareas en casa, echo de menos que hable con mi hija sobre sus juegos de niña, echo de menos que su beso de despedida sea consciente....
Pero en la vida hay situaciones que tan solo podemos ver pasar, que solo podemos contemplar con la mejor de nuestras sonrisas, que sólo podemos añadir un Me gusta aunque deseariamos que fuera de otro modo, que sólo podemos esperar que el próximo día que me abra la puerta todavía siga sabiendo quién soy.
Porque el día en el que no me reconozca, mi corazón dejará de latir durante unos segundos, y volverá pero incompleto, porque se habrá ido con su conciencia..
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